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2004-12.10 En el templo del saber

Hola Carla,

Estoy en Tourraine, en el Diem, el templo de la tecnología musical. Estamos cuatro en un cuartito de veinte metros cuadrados, cada uno engomado a su computadora, nadie dice una palabra: un austríaco, un italiano, un francés y un kichwa. Son las 16:00 de la tarde y acabamos de regresar del almuerzo. Fui a comer con Natalie, un monumento, de unos 640 años. Me contó de su trabajo, de su abuelo, de sus vacaciones en Portugal, de su mamá de origen alemán, de como le gusta el steak au poivre, de las averías de su apartamento, de las iras de Matthieu (el jefe supremo), de como tuvo un montón de novios, pero nadie se atrevió, pero no importa, lo que importa es el respeto propio, que rico está el puré, pero el alcohol no le hace bien, por eso prefiere fumar, pero no demasiado, porque produce acidez estomacal, y tu mujer?, pero antes era mejor, y el director actual es una catástrofe, y que simpáticos son los portugueses, ca va Madame, el steak estuvo super, pero el vino me produce agrieras, por eso mejor una cerveza, pero no francesa, porque aunque tu no lo creas, los belgas hacen una excelente cerveza, cuando regresas?, pero el director es una catástrofe, tienes un proyecto?, cuando nos vimos la última vez?, te acuerdas de Jeannot?, pues yo no le soporto, pero Karl está bien, tan simpático, pero ya sabes a mi edad, y él es casado, sabes con quien?, te acuerdas de Landa, si señor, tu creo que estabas atrás de Landa, no te hagas el santo, si señor está con Landa, que por cierto arruinó la vida de Jones, si el de SoundJones, él está jodido, se ha vuelto alcohólico y le echaron, se puso gordo como un tonel. Si, yo estoy bien, te acuerdas de David?, el pobre se desviroló, creo que quería algo conmigo pero no se atrevió, ya sabes los ingleses, no se, con un inglés imagínate, no se atrevió. Que tal la salsa, buenísima, y con una cerveza, super. La adition, por favor, bueno, miti-miti, claro pues, vas a trabajar?, yo ya terminé, cuando nos vemos? Pero sobre tu proyecto, no lo presentes al jefe que es un idiota, dame a mi yo se lo paso a Astrid y por ahí uno no sabe....

Chuta, que sueño, un poquito alcoholizado y con la muerte de Derrida y la sabiduría de Natalie (o es al revés?) a la espalda me enrumbo al templo de la tecnología. „Ca va?, oui ca va, et toi?, ca va, et toi?, ca va, ca va.“

Oui, un poquito borracho (la muerte de Derrida y la sabiduría de Natalie, o al revés) me siento frente a mi powerbook. Como siempre, Mefistófeles me espera paciente detrás de la pantalla . Hijo de perra. Promete, y promete, pero, a la hora de cumplir se desaparece, se acaban las baterías o se corta la luz. Quiero escribir, pero me sale espuma, quiero escribir pero no me sale nada. En el templo, el austríaco trabaja en Yang, para detectar alturas y amplitudes, de vez en cuando toma el micrófono y dice Ahhhhhhhhh, (yo pienso Oh!). Tengo ganas de apretarle los huevos, a ver que dice, pero soy bien educadito y le digo, que interesante, y si dices Uhhhhhh? Caramba en eso no había pensado y el austríaco dice Uhhhhhh en el micrófono. El italiano se da la vuelta irrritado y dice, por favor estoy trabajando. Claro, claro, y me quedo nuevamente solo con Mefistófeles. Me sonrie y me dice, despacito, en mis auriculares, para que no oigan los demas, y si yo le rasco lo huevos? Si, si, ráscale los huevos! Y oh milagro, el austríaco se da la vuelta, y al no sentirse observado se rasca los huevos y dice Ehhhhhhh!

Regreso a Mefistóles, me sonríe cansado, dice, y si alguien te rasca los huevos a ti. Y quien me va a rascar los huevos a mi? Pienso y pienso y comienzo una epístola:

Hola Carla,

„Estoy en Lyon, en el Diem, el templo de la tecnología musical.....“

12.10.04, a dos días de la muerte de Derrida.